COICOM INTERNACIONAL

AÚN EN ADVERSIDAD, ÉL CUMPLIRÁ SU PROPÓSITO

COICOM Reflexiones

Antes de que fuéramos concebidos por nuestros padres, Dios nos diseñó en su mente, con características únicas y con un propósito en la vida. Soy la razón del amor de Dios y el cumplimiento de un propósito celestial.

Antes de que naciéramos habíamos sido elegidos por Dios para cumplir una misión. Ya nos conocía y nos equipó con lo necesario para cumplir con su propósito.

Un ejemplo Bíblico de esto es la hermosa historia de Jacob. En Génesis 25, Isaac y Rebeca, los padres de Jacob y de Esaú, clamaron por hijos, y de una madre estéril nacen ellos. Desde el vientre había rivalidad entre ellos, y siguió siendo alimentada por las preferencias de sus padres. Isaac prefería a Esaú por ser hombre de campo. Rebeca prefería a Jacob por ser hombre de casa. Esto acrecienta la rivalidad entre ellos, y son envueltos en planes humanos que los llevan a la amargura y al resentimiento.

En Génesis 27 Isaac decide bendecir a Esaú, su preferido, pero Rebeca tiene su propio plan con su favorito Jacob. Y es como impulsa a su hijo Jacob a robar la bendición de su padre. Pero, aunque los padres se equivoquen, Dios no se equivoca con nosotros. Dios aprovecha hasta los errores de nuestros padres para cumplir Su propósito en nuestras vidas.

El enojo de Esaú era tan grande al enterarse que su hermano le robó con engaño la bendición de su padre, que amenaza de muerte a Jacob. (Génesis 27: 33-36, 41-45). Ante esta realidad, Jacob corre atemorizado por lo que hizo. Así inicia un camino hacia el encuentro con él mismo, lleno de culpa y confusión, sin rumbo en la vida y dejando la seguridad del hogar, se aleja de la familia asustado.

Jacob tiene mil preguntas existenciales válidas: ¿Quién soy? ¿Hacia dónde me dirijo? ¿Cuál será mi futuro? ¿Qué haré sin tener cerca la protección de mi madre? ¿Por qué lo hice? ¿Cuál es mi destino?

No importa que corramos de un país a otro, dondequiera que estemos debemos vivir el viaje al corazón para encontrarnos a nosotros mismos, con Dios y con nuestro propio destino. El problema no está fuera de nosotros; si hay algo que descubrir está en el corazón. Por eso Jacob en este viaje, se encontraría con Dios y con él mismo. Pero a la vez, desarrollaría carácter, habilidades, fe y una confianza plena en Dios.

Jacob, sin pensarlo, está por vivir la experiencia más extraordinaria que tendría, se encontraría con habilidades que no sabía que tenía y con amores que lo llenarían de ilusión. Es en estas circunstancias difíciles cuando Dios se revela a nuestras vidas y nos recuerda que somos el cumplimiento de un plan y que aun en medio de la adversidad Él cumplirá su propósito en nosotros.

Mientras Jacob corre lejos de su casa para proteger su vida, Dios se revela a su vida: “En el sueño, el SEÑOR estaba de pie junto a él y le decía: «Yo soy el SEÑOR, el Dios de tu abuelo Abraham y de tu padre Isaac. A ti y a tu descendencia les daré la tierra sobre la que estás acostado. Tu descendencia será tan numerosa como el polvo de la tierra. Te extenderás de norte a sur, y de oriente a occidente, y todas las familias de la tierra serán bendecidas por medio de ti y de tu descendencia. Yo estoy contigo. Te protegeré por dondequiera que vayas, y te traeré de vuelta a esta tierra. No te abandonaré hasta cumplir con todo lo que te he prometido»” (Génesis 28:13-15).

Dios no está improvisando nada con nosotros. Al revelarse a Jacob, lo hace como el Dios de su abuelo y de su padre, y le repite la promesa que le hizo a cada uno de ellos. Somos el cumplimiento de la promesa hecha a nuestros padres y el eslabón para la generación que sigue. Somos el cumplimiento de un plan diseñado por Dios. Somos la persona correcta en el momento exacto.

Todos debemos vivir el momento de encontrarnos con Dios. Es el momento donde nadie puede tomar decisiones por nosotros y estamos frente a nuestro destino.

Dios le hace a Jacob una promesa extraordinaria y nos la hace a nosotros también. “Estoy contigo, te protegeré y te traeré de vuelta, no te abandonaré, hasta cumplir con todo lo que te he prometido” (Génesis 28:15).

La promesa es personal. Dios se revela en el momento oportuno, promete acompañarnos, y cumplir lo que Él se ha propuesto con nosotros. Para esto es necesario que dejemos de ser una mala copia de alguien más, que dejemos de rivalizar con otras personas, que renunciemos a nuestros complejos y miedos, y que le permitamos a Dios revelarse a nuestras vidas. Mientras más cerca estemos de Dios, más clara es la imagen que tenemos de nosotros mismos.

No caminamos solos, Dios está con nosotros. Le veremos en el camino, contemplaremos su gloria, Él cumplirá lo que nos ha prometido. Cuando Dios se revela personalmente, sana nuestros temores, provee dirección, otorga sentido a la vida y nos indica quiénes somos.

Por Sixto Porras

Publicado: Argentina Oramos por Vos / viernes 8 enero 2021

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